Ya es la segunda vez que vamos con Shaki, y la experiencia es bastante positiva, pero muy mejorable.
Se encuentra en la Playa de Poniente de Motril, en la última esquina de la playa, en la zona más fea y justo al lado de una fábrica (que posiblemente eche sus deshechos al mar sin ningún miramiento).
Es una zona pequeña, pero lo suficientemente grande para tener todos un hueco sin estar demasiado juntos. No está delimitada, simplemente hay una señal de madera que indica dónde empieza.
Y lo que menos, pero menos me gusta, es que siempre que vamos, hay más gente con cañas de pescar que gente con perros en la zona perruna, ¿pero vamos a ver, es que no hay km de playa suficientes? Muchas veces dejan los sedales y los anzuelos tirados (esta vez no hemos encontrado, pero el octubre pasado casi ocurre una desgracia), señores, a pescar a otro lado, que si los perros corren y nadan, las cañas de pescar, los hilos, los sedales, los anzuelos con cebo, TODO es un peligro para ellos y esta es la única zona que tenemos.
Pero por lo demás la gente suele ser simpática, y en general, están pendientes de que sus perros no molesten a los demás, pero también entienden que es una playa perruna y que pueden ocurrir los típicos contratiempos como que vaya Shaki y se te sacuda justo al lado o intente robarte algo de comida que tengas en alguna bolsa (es un trasto, pero se le quiere).
A Shaki le gusta el agua, pero la de los ríos, los charcos y las acequias, las olas y la ducha no le convencen demasiado...
Y los ratos de fotosíntesis también son importantes.
Y esta vez, nos llevamos la comida de casa, por no tomar ensalada rancia y esas cosas...
Pasta con tomate y semillas y hummus del mercadona para picar.
Y en casa, somos todos unas gambitas muuuuuuy cansadas...
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