miércoles, 1 de abril de 2015

De tapas por Granada (con amigos omnívoros)

Tuve visita esta Semana Santa, me tocó hacer de guía, patearnos tooooooda la ciudad: Albayzin arriba, Alhambra abajo, salir, beber, el rollo de siempre…

Y con la visita, llegó uno de los momentos a los que aún  no me había enfrentado en mis primeros pasos como neófita en esto de ser vegetariana… ¡Aguantar dos días enteros comiendo de tapas!
Porque vamos a ser claros, ser vegetariano es fácil si estás en casa, cocinas, aprendes recetas nuevas y a las malas malas siempre puedes recurrir a una tortilla, un yogur, una sopa de verduras… Pero ser vegetariano fuera de casa, es otro rollo. (Y ya vegano, ni te cuento).

El primer día, fuimos a cenar a una calle llena de pubs en la que hay un sitio de perritos calientes que tienen una opción vegana/vegetariana (es un perrito caliente pero con filetitos de seitán, las verduritas, salsas y queso que elijas), peeeero no, la suerte no estaba de nuestra parte y estaba cerrado excepcionalmente por problemas familiares.

Y ahí, estábamos sin cenar, a las once de la noche y muertos de hambre, acabamos entrando en un Shawarma y a mí se me encendió la bombillita: ¡El falafel no lleva carne! ¡Solucionado! 

Y sí, se solucionó, pero fue una solución bastante mala, porque la combinación de falafel grasiento (estaba taaan grasiento que sólo pude tomarme la mitad) y cerveza antes y después nunca es buena idea.


Al día siguiente,  desayunamos en casa pero a mí por las mañanas me entra el café y poco más, y después de habernos pateado el Albayzin y el Paseo de los Tristes estábamos muertos de hambre. Fuimos a un sitio que yo recordaba con algo de cariño porque ponían tercios de Alhambra Especial y cuando hacía buen tiempo no estaba mal para tomarse algo al salir de clase. Pido una tapa vegetariana:
-          ¿Vegetariana? ¿Con atún dices no?
-          No, no, sin carne ni pescado- dije imaginándome un trozo de tortilla de patatas.
Vi venir de lejos la tapa y… ¡Ensalada! ¡Qué sorpresa! ¡Qué emoción! Porque claro, es verdad, los que no comemos carne, comemos sólo ensalada, como las vacas.  Pero bueno, habían hecho el esfuerzo de ponerme un plato de ensalada, pensé. Pues sinceramente,  era un auténtico asco: parecía un resto de lechuga y col con muuuucho vinagre que llevaba como cinco días en  el fondo de la nevera abandonada. Probé un trocito de tomate, y en fin, vamos a dejarlo ahí.

Pero mis amigos fueron unos santos y dijeron que vaya tela, vaya falta de profesionalidad, que nos íbamos al Ojú a tomar lo siguiente. El Ojú, es el único restaurante vegano de tapas de Granada, toooda la carta es vegana (y todo está buenísimo, pero de él os hablaré en otro momento).  Allí, pude comer algo, hasta un café con tarta de frutos rojos (y eso que a mí los frutos rojos no me suelen gustar…), pero todo riquísimo, pero con las prisas, las largas charlas, y demás, no comí lo que yo acostumbro a comer (suelo comer mucha cantidad).

Fuimos al Carmen de los Mártires y a la Alhambra andando después de comer, y  ya arriba me acordé que llevaba frutos secos en la mochila (lo de llevar frutos secos en la mochila es algo que llevo haciendo desde que empecé a plantearme el asunto, porque así, cuando te entra hambre entre clase y clase, tienes algo sano y nutritivo para picar entre horas, lo leí en un blog y es de los mejores consejos que he encontrado hasta ahora).

Ya por la noche, como estábamos cansadísimos y al día siguiente tenían que madrugar para seguir con su viaje de carretera y manta, fuimos a lo que antes podría decirse que era mi bar de tapas preferido de Granada. Está muy cerca de casa, las tapas son cuantiosas y por unos 4,40€ cenas. Claro, era de mis preferidos. Mirando ayer la carta, de las 50 (o más) variedades de tapas que tiene, sólo había unas tres vegetarianas y creo que  sólo una vegana. 

Las tapas eran las siguientes:
  •          Patata asada con mayonesa (no les quedaba)
  •          Patata asada con sal y pimienta (no les quedaba)
  •           Tortilla de patatas con mayonesa (nos lanzamos a probar la tortilla de patatas por si con suerte era casera y apareció el camarero con una tortilla francesa, porque supongo que no les quedaba tortilla de patatas, para variar)
  •           Berenjenas con miel de caña (como no les quedaba de nada, tampoco nos apetecía ya preguntar por más, con tal de estar sentados descansando los pies, éramos felices).

Por supuesto, el bocadillo vegetal, con atún y jamón de york.

Ya en casa, por puro cansancio, me tomé un yogur y a la cama.

¿Es esto ya lo que me espera siempre? ¿Intentos de tortilla y ensalada rancia?


Al menos, parece que en Barcelona está un poco mejor la cosa, me dijeron mis amigos. Tendré que ahorrar y volver a Barcelona, a trotar mundo, eso sí, siempre con mi perro.


Y como he empezado a saco y sin presentaciones, aquí os dejo al "culpable" de que mi vida sea un desastre increíble. 

4 comentarios:

  1. http://www.restauranteraices.es/

    Este es el primer restaurante vegetariano de Granada que conocí,allá por los 80. Por cierto muy bueno. Es muy difícil salir de tapas en Granada, siendo vegan@. Saludos. Besitos.

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  2. Le echaré un ojo, a ver qué tal y qué precios (si vegetarianos/veganos "haberlos haylos", pero a precio estudiante creo que sólo uno!) Muchas gracias :D

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  3. Yo tengo el mismo problema que tú, Ceci, tapear por Granada es una lata si eres vegetariana -_- o patatas fritas o queso, una y otra vez

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    1. Pues un día nos vamos juntas al Ojú (vegano) y tapeamos felices juntas Patri ^^

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